domingo, 22 de febrero de 2015

La marca del meridiano, de Lorenzo Silva

Ahora mismo estoy en mi etapa negra, algo que me está haciendo llegar hasta obras muy interesantes. Entre ellas, a obras pertenecientes a varias sagas protagonizadas por avezados investigadores, tanto de las fuerzas del orden como investigadores privados. Los autores españoles están en la parte principal de mi lista de favoritos y Lorenzo Silva esté entre esos primeros puestos.

Me he puesto a leer todos los libros de la saga protagonizada por los guardias civiles Ruben Bevilacqua y Viginia Chamorro, una pareja que comenzó su andadura profesional juntos hace ya unos cuantos años, con El lejano país de los estanques. El último libro que he leído de la saga, La marca del meridiano, le valió a su autor ganar el Premio Planeta en el año 2012.

No soy muy aficionado a los libros que se hacen con este galardón, aunque he leído alguno de ellos que me han gustado. Este ha sido uno de ellos, aunque siendo como soy seguidor de las andanzas de estos dos agentes de la Guardia Civil, tampoco es que sea raro.

La evolución de los personajes ha ido desarrollándose a lo largo de los años y les he acompañado desde que sus superiores les reunieron para resolver un complicado caso. En La marca del meridiano, Vila y Chamorro ya son dos curtidos investigadores y están acompañados por otros guardias más jóvenes e inexpertos.

La interesante prosa de Silva siempre ha sido elegante, pero práctica. No permite que los argumentos enrevesados se atranquen y fluyen con soltura y permiten que los lectores vayamos de la mano de los protagonistas para descubrir los entresijos del caso.

Vila y Chamorro se ven atrapados en la investigación de la tortura y muerte de un antiguo compañero del hoy brigada Bevilacqua, con el que compartió alguno de los momentos más oscuros de su pasado. El encuentro del cadáver en Navarra lleva la investigación hasta Barcelona, el lugar de residencia del agente asesinado.

En mitad de todo el problema, se cruza una investigación de Asuntos Internos en la que están involucrados personajes del pasado del agente muerto y del propio Vila. Poco a poco, se va complicando la trama y se descubren puntos oscuros del pasado del Brigada que él necesitaba cerrar permanentemente.

La trama acaba poniendo a prueba a Vila, pero también haciéndole ver que el tiempo le ha brindado la oportunidad de contar con compañeros fieles y que le acompañan en esa extravagante carrera que inició casi de rebote hace varios años.

Me falta un libro para completar la saga, y casi dudo en comenzarlo, por aquello de que si leo, terminará el viaje que me ha llevado hasta aquí, y esperar una nueva aventura de los dos agentes más importantes de la literatura de género negro española del siglo XXI.


La Ropavejera, de Ramón Cerdá

Enriqueta Martí. A muchos este nombre no les sonará de nada; a otros les resultará vagamente familiar. Y luego está ese grupo de gente, entre los que yo me incluyo, que ha tenido la ocasión de conocer la vida de esta (o gran parte de ella) y todos los horrores que la rodean.

¿Y sabéis una de las cosas que más me ha sorprendido después de conocer su historia? Que, en cierto sentido, he llegado a admirarla.

A admirar esa férrea fuerza de voluntad y esa confianza en sí misma para ser capaz de conseguir todo lo que se propuso. Siendo mujer de origen humilde y viviendo en la época en la que vivió.

Porque a pesar de ser el monstruo que fue, si existe un rasgo destacable en ella es ese. Lástima que lo utilizó para convertirse en un ser despreciable que, para conseguir sus objetivos,se sirvió  de  los más débiles: los niños.

Aunque ella no es el único monstruo de esta historia. Ni siquiera el peor. Su espeluznante negocio no hubiera funcionado sin sus distinguidos clientes. Ellos sí que son MONSTRUOS con mayúsculas.
Nunca se podrían justificar todos los actos que realizó. Ni su origen, ni su infancia, su relación con su padre,..

Algo tenía que haber ya en ella de retorcido y malo para convertirse en lo que se convirtió.
En el fondo me gustaría pensar que en algún momento de su vida, tuvo remordimientos por lo que hizo.

¿Que esos niños estaban mejor con ella que en las calles? Como decía a veces. Puede que necesitara creer que así era. Aunque yo no estoy para nada segura de eso. Un monstruo que existió por mucho que quiera ocultarse. Que no hay que buscar lejos de aquí. Porque aquí también tenemos monstruos.

¿Os atrevéis a asomaros a la vida de la Vampira del Raval o La Ropavejera? Id dejando el corazón y los escrúpulos en el cajón.
  
Enriqueta Martí Ripoll, nació en 1868 y murió en 1913. De origen muy humilde, a muy tierna edad y tras la marcha de su madre, tuvo que ocupar el lugar de esta en todos los sentidos.
Esa relación incestuosa con su padre, su ambición, escapar de todo, hizo que se fuera de casa a temprana edad.

Se dedicó a al prostitución, pero era una mujer muy ambiciosa y aspiraba a muchísimo  más.
Con paciencia y tesón, fue consiguiendo poco a poco lo que se propuso. Su conocimiento de los bajos fondos le fue de muchísima utilidad.

Y entonces tuvo una idea que cambió su vida: ofrecer a gente con muchos recursos niños y niñas para sus fantasías ocultas.

Aunque eso no fue todo: también fabricaba pócimas y ungüentos con su sangre y su grasa.
Con el tiempo consiguió una importante clientela y, con grandes riesgos, se iba proveyendo de niños y niñas de la calle. Hasta que se arriesgó demasiado y fue atrapada.

Terminó sus días en la cárcel. ¿Asesinato o muerte por enfermedad? Siempre quedará esa duda.
Su diario, donde apuntaba todo lo relacionado con su negocio y sus clientes, nunca apareció.
  
Se podrían escribir tantas cosas sobre este fascinante personaje. Y este libro cuenta, no solo sus crímenes, si no toda su vida. Desde su nacimiento a su muerte. Un retrato bastante profundo de su vida y su personalidad. Una buena oportunidad de conocerla a fondo y entenderla. Si eso es posible.
Fríamente, muy fríamente, y esto me cuesta decirlo, puedo llegar a entender algunas de las cosas que hizo. Nunca justificarlas o aceptarlas. Eso me convertiría en un monstruo como ella.

Aunque, reconocedlo, todos tenemos una parte oscura y si dejáramos salir a esa parte, ¿hasta dónde empatizaríamos con ella? Da miedo pensarlo, ¿verdad?

Arthur Conan Doyle, Enriqueta y el espiritismo. ¿Una adivinanza? Encontraréis la respuesta entre las páginas de este libro.


Real o ficción, nada está fuera de lugar en la historia contada de esta singular mujer.